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Julio Anguita (Fuengirola, 1941) lleva dos décadas fuera de la política institucional, pero sigue siendo un referente para las nuevas generaciones de dirigentes y militantes de la izquierda. Excoordinador de IU y exsecretario general del PCE, Anguita observa desde Córdoba, ciudad de la que fue alcalde, el ascenso al Gobierno de Unidas Podemos, con la vicepresidencia de Pablo Iglesias y los ministerios para el actual líder de IU, Alberto Garzón, y para Irene Montero, Yolanda Díaz y Manuel Castells.

¿Cómo ve el nuevo Gobierno de coalición? 

Mis opiniones son muy personales, no represento a nadie. Siempre analizo el tablero político como piezas en movimiento. Y ahora nos encontramos en una situación compleja derivada de lo siguiente: ¿cómo es posible que durante tres meses no hubiese voluntad en Pedro Sánchez de pactar con Unidas Podemos, mientras miraba a PP y Ciudadanos y, de pronto, en 24 horas, se decide a hacer lo contrario?

Hay que analizar por qué: no se podía seguir desoyendo a la militancia del PSOE, la que gritaba 'con Rivera no' en Ferraz; y tampoco hay que olvidar que persistir en la vía del PP quizá habría obligado al PSOE buscar otro candidato más proclive al entendimiento. No había más remedio que tirar hacia adelante. La corriente de la historia le ha obligado a Sánchez a ponerse en una situación que no deseaba.

¿Con qué nos encontramos? Con un gobierno que tiene unos ministros de izquierda, formado mayoritariamente por el PSOE, y que se ha formado en torno a un programa y un discurso de investidura. Lo que justifica el Gobierno es el programa pactado y la investidura.

Pero nos vamos a encontrar con dificultades para todos, para los ministros de Unidas Podemos y el Gobierno en su conjunto, que no son los aspavientos delirantes del tripartito de la derecha, sino el IBEX, la Iglesia, los elementos del PSOE que no están por la labor y la obstrucción que se hará en las instituciones contra las política del Gobierno.

Y los ministros de Unidas Podemos tienen otro hándicap: frente a sus deseos de aplicar el programa, nos vamos a encontrar con la fría racionalidad económica, con que hay que defender la economía de mercado tal y como está en el programa de gobierno. Habrá una pugna silenciosa y los ministros de Unidas Podemos tendrán dificultades inherentes, por unas concepciones de política económica que ya han chocado en épocas anteriores. Aun así, merece la pena, sabiendo dónde están las dificultades.

¿Es una suerte de reconciliación con la historia que vuelvan al Gobierno después de ocho décadas ministros a la izquierda del PSOE?

A mí que entren o dejen de entrar... Obvio la emoción en estas cosas. Es lo que se puede hacer. Estamos en un frente de lucha, en las contradicciones, y han hecho bien en estar. Una de las características de eso es actuar en el combate del momento, en el lugar exacto, con los riesgos. Sólo se equivoca el que hace algo.

¿Es comparable a la experiencia del Gobierno de coalición PSOE-IU en Andalucía?

Andalucía no tuvo un programa debatido durante tantos meses, y aquel pacto fue fácil. Esta vez ha sido laborioso. Aquí hay más proyecto, se ha peleado, la formación de este gobierno ha suscitado conciencia de que estamos en una situación importante.

¿Se puede comparar este pacto de Gobierno con la cooperación del PCE de Santiago Carrillo en la Transición?

Son cosas derivadas de sacar fotos con color sepia, sancionar o dar un pedigrí a algo. Son cosas distintas. Entonces se salía de una dictadura que no podía seguir, y la izquierda nunca ha conseguido la ruptura democrática. Ahora estamos en la UE, por mucho que uno no esté de acuerdo es un marco totalmente distinto, un funcionamiento diferente, la gente va a votar con unos problemas específicos, referentes a artículos de la Constitución que llevan décadas sin cumplirse, y con el cambio climático presente. Es una situación distinta. Entonces se salía de una dictadura y ahora hay una extrema derecha, más anecdótica que real, con soflamas; pero la oposición de verdad está en el IBEX, la banca y los poderes económicos.

¿Pablo Iglesias ha defendido en las últimas campañas electorales la Constitución como herramienta, como hacía usted hace 25 años?

La política es combate, como las relaciones sociales, y al adversario hay que colocarlo frente a la realidad. Hay que desmontar a los partidos que dicen llamarse constitucionalistas, con el título VII de la Constitución [Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general].

Para ellos, la Constitución sólo es la Corona y la unidad de España. Así es como entienden la Constitución. Algunas veces ni saben otros artículos, y me han acusado de copiar a la Unión Soviética cuando hacía propuestas basadas en la Constitución. Es de una ignorancia supina.

No es mi Constitución, pero hay material suficiente. Lo que ha hecho Iglesias es extraordinario para demostrar que los que se llaman constitucionalistas no defienden la Constitución.

¿Cómo debe evolucionar Unidas Podemos, ahora que ha entrado en el Gobierno? 

Yo ya estaría organizando a Unidas Podemos, al PCE, a IU, a todos los colectivos que surgieron y se manifestaron el 15M. La lucha no puede ser sólo una asamblea permanente en la calle. Hay que mojarse. Esto no es para ver lo que pasa mientras están los nuestros, sino para intervenir en la lid, en el choque.

Los ministros ya han tomado posesión, y ahora tendrán que enfrentarse a las dificultades que hemos dicho. Necesitan que la opinión pública se organice. Ya tenían que estar organizándose. La movilización es enterarse, tener curiosidad, aprender y difundir de manera serena.

Querría desterrar la imagen de las manifestaciones con tambores, prefiero una manifestación silenciosa informada e informando, no me gustan las estridencias, se pierden los matices.

¿Debería caminarse hacia las unidades orgánicas?

Las crea el tiempo, la función crea el órgano. Por tanto, si el funcionamiento continuado va creando las condiciones, ¿por qué no? No puede ser una cosa administrativa y decidida, si no que estas militancias comiencen a trabajar conjuntamente en un contexto en el que la derecha es montaraz y folclórica, pero en el que también está el IBEX.

¿Qué opina de la batalla por el perfil propio dentro de Unidas Podemos?

Soy de la cultura del PCE de la clandestinidad, cuando trabajábamos donde podíamos. No podíamos exhibir el carné, trabajábamos apoyando un movimiento en donde creíamos que podía haber una fractura. ¿Por qué no recuperar eso? Ya nos reunimos una vez al año con la bandera.

Retomo elementos del manifiesto comunista: proyecto y programa para generar contradicciones en el sistema. Y para eso hay que rechazar al narcisismo de mirarse al espejo.

Usted ya teorizó la transmigración del PCE a IU hace tres décadas. 

No fue una propuesta de la noche a la mañana. Pensaba que las organizaciones, cuando tienen un referente como el de la Revolución de 1917, tienen que adecuarse a determinados tiempos. Hablo de organizaciones, no de principios ni de teoría política; de distribuirse las funciones.

Las ideologías deben examinarse. Lo planteé entonces y estoy escribiendo sobre ello, pero en estos momentos el PCE ha trabajado bastante por que se llegue a este Gobierno, y lo ha hecho de manera silenciosa.

¿Y cómo debe encarar este Gobierno esas dificultades?

Hay que hacer especial hincapié, y he hablado con ellos, en que hay que organizarse. Hay que decirle a la gente que también es su lucha, si dejamos a los ministros solos, nosotros mismos nos hemos cavado la fosa.

Es una coyuntura histórica en el sentido del momento, es una oportunidad: estamos en una crisis de la Unión Europea, en una crisis económica, de la OTAN, de la política exterior donde la geopolítica está condicionada por el cambio climático, el petróleo... Es una situación nueva. 

Parecía que el capitalismo sería el imperio del siglo XXI, pero está en crisis. No se combate dejándolo solo, hay que ir sustituyéndolo. Con un problema añadido, que es nuevo, el del cambio climático: la importancia de la velocidad a la que se produce, y que la terapia va a costar sacrificios en modos de vida, comportamientos, consuno... El planeta seguirá existiendo, ¿pero la humanidad?

Antes comentaba cómo Sánchez cambió en 24 horas de estrategia para llegar a un acuerdo con Unidas Podemos. ¿Le transmite confianza?

Me he tenido que ver hasta con la derecha en la clandestinidad. Lo que me mueve es el proyecto y el programa, y en función de eso vas con quienes se va coincidiendo. No miro esencias, sino movimientos. El caballo del ajedrez, ya sea blanco o negro, hace lo mismo. Y yo voy con quien haga lo mismo, porque lo que me interesa es el proyecto ante el enemigo al que tengo que enfrentarme. 

¿Qué opina del programa pactado?

Es de socialdemocracia muy tibia. Pero cumplir la Constitución hoy en día es revolucionario, porque los poderes económicos no la cumplen. Viven y medran incumpliéndola.

La Constitución no es la mía, la mía ideal es republicana y federal. Pero como soy militante, en esta coyuntura de tensión se trata de que la legalidad esté de nuestra parte y quitarle así la impostura a la derecha de que ellos son los constitucionales.

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